y no es por falta de amor, es por miedo al olvido.
Si te amase con todo el amor que te tengo,
habría que escuchar tu llanto una y otra vez, irremediablemente,
cuando la vida te ha metido el pie.
Y tu llanto me duele como agujas en la piel,
como tomarse una sopa de ácido nítrico
a las nueve de la noche, o a las diez
o al medio día.
Para amarte hay que aprender primero a perdonar.
Y qué difícil,
qué difícil cuando se trata de tu sufrimiento,
de tus tristezas.
Amarte significa también perdonar a la muerte.
Yo no quiero ver luego tus ojos callados.
Ni amanecer un día y mirarte ahí,
fría en el lugar de tu calor más profundo,
pálida como la misma muerte,
dura como prejuicio.
Yo te juro, pajarita de mis sueños,
por mi vida y por mi muerte,
que el día que te llegue la muerte...
LA MATO!

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